Dieta BARF, ¿Es recomendable? ¡Vamos a verlo!

Pese a contar con algunos detractores, la dieta BARF supone el retorno a la dieta evolutiva de tu perro comportando innumerables beneficios para su salud física y psíquica. No en vano, muchos de los que ya la han probado señalan que incluso el comportamiento de su mascota se ha tornado más cariñoso y obediente.

Si deseas ampliar información sobre en qué consiste esta dieta, sus proporciones y beneficios, estás en el lugar adecuado. Aquí hallarás todas sus claves.

Qué es la dieta BARF

Del inglés Biologically Appropriate Raw Food, la Alimentación Cruda Biológicamente Apropiada está basada en el consumo habitual de carne magra, huesos carnosos, órganos, vegetales y frutas atendiendo al peso, edad y actividad física del can.

Pese a lo que puedas creer, esta ingesta de carne cruda no implica ningún riesgo para la salud de tu perro. Más bien, todo lo contrario, puesto que su saliva y jugos gástricos están preparados para combatir muchas de las bacterias presentes en la carne sin cocinar.

En la dieta BARF resulta esencial no exponer los alimentos a altas temperaturas por varios motivos:

  • Al cocinar los huesos pierden su contenido en agua y se astillan con facilidad pudiendo producir perforaciones y lesiones intestinales a tu perro.
  • La carne cruda conserva intactas sus vitaminas, antioxidantes y enzimas digestivas.

Está probado que a mayor temperatura y mayor periodo de cocinado, el valor biológico del alimento queda rebajado. Al mermar las enzimas digestivas con el calor la digestibilidad será menor.

Por el contrario, consumiendo la carne y los huesos carnosos al natural tu mascota puede dedicarse plenamente a tareas metabólicas como la detoxificación, altamente beneficiosa para fortalecer su sistema inmunológico.

Ahondando en el detalle de esta dieta debes conocer sus proporciones. En este sentido, si deseas probar la dieta BARF con tu mejor amigo deberás respetar los siguientes porcentajes:

  • Un 60 % de carne magra y huesos carnosos, crudos y blandos.
  • Un 15 % de hortalizas y verduras, tritutadas.
  • Un 10-15 % de vísceras y órganos, crudos.
  • Un 5 % de fruta de temporada, también triturada.

Si lo deseas, puedes complementar la dieta BARF con yogures naturales, alfalfa, aceite de pescado o el alga Kelp.

Como ves, la carne y los huesos atesoran gran parte del protagonismo, puesto que aseguran una excelente fuente de energía, hidratación, proteínas de alto valor biológico, grasas, vitaminas, minerales, antioxidantes y enzimas. En definitiva, tu perro satisfará todas sus necesidades nutricionales de un modo evolutivamente adecuado.

Las proteínas de la carne cruda conservan inalterables todos sus aminoácidos esenciales, previniendo la anemia y los déficits de crecimiento. A su vez, son fuente de fósforo, calcio, zinc, magnesio, hierro, yodo y manganeso.

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Dado que la variedad es otro de los pilares de la dieta BARF, no olvides variar el tipo de carne, de verduras o de frutas que proporcionas a tu can. Existen estudios que certifican  casos de hipertiroidismo como consecuencia del consumo exclusivo y repetitivo de cuellos de pavo y pollo.

Las carnes blancas son las más recomendables. Sin embargo,  debes alternarlas con la carne de ternera y de cerdo, así como con el pescado, preferentemente blanco y cocinado. Eso sí, cuando le ofrezcas muslos de ave o de conejo no retires la carne conlindante, se astillarán con facilidad.

Beneficios de la dieta BARF

El mantenimiento de esta dieta redunda en múltiples efectos positivos para la salud (enfermará menos), la longevidad (vivirá más y mejor), la actividad física (se mostrará más vital y se cansará menos) y la reproducción del perro (se minimizarán las alteraciones reproductivas).

Existen evidencias de que una dieta eminentemente de alimentos crudos y con predominancia de la carne magra:

  • Incrementa la energía y vitalidad del animal.
  • Desarrolla una mayor masa muscular y mejora su tono.
  • Disminuye las patologías dentales, como la halitosos o la gingivitis, al coadyuvar en la correcta higiene dental.
  • Su pelaje está más fuerte y brillante.
  • Remiten las infecciones de oído, así como las enfermedades cutáneas.
  • Rebaja su olor corporal.
  • Las dolencias articulares, como la artritis, desaparecen.
  • El perro es más resistente a los parásitos, tanto internos como externos.
  • Es una excelente vía de prevención de la diabetes.

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¿Cómo calculo las cantidades?

A estas alturas ya sabes que la dieta BARF se basa en la administración de alimentos crudos y variados. No obstante, las cantidades también deben ser tenidas en cuenta. Los requerimientos energéticos de tu perro vendrán determinados por su tamaño, edad, raza, nivel de actividad y por la existencia o no de sobrepeso.

Por regla general, requerirán un mayor aporte energético los perros jóvenes o en crecimiento, las razas pequeñas, los canes por debajo de su peso o con un nivel exigente de actividad física.

Así, un perro de 2 kilos, de 1 año y con mucha actividad necesitará 160 gramos de alimento, el equivalente al 8 % de su peso corporal.

Por contra, a un perro mayor, de 45 kilos de peso y con escasa actividad le bastará con 675 mg, o lo que es lo mismo, el 1,5 % de su peso corporal.

La tabla del Dr. Ian Billinghurst, contenida en su libro ‘The BARF diet’ puede servirte de orientación al preparar la dosis adecuada para tu perro:

  • Un perro de entre 1 y 5 kilos de peso precisará de 90 a 350 gramos diarios.
  • Entre los 5 y 10 kilos, de 350 a 600 gramos diarios de dieta BARF.
  • Un perro entre los 10 y 25 kilos, de 600 a 1.100 gramos por día.
  • Entre los 25 y 50 kilos, de 1.100 a 2.000 gramos diarios.

¿Qué hay de las verduras?

Recuerda que un 15-20 % de esta dieta corresponde a verduras y hortalizas. Varíalas teniendo presente que las de color naranja, como la zanahoria o la calabaza, poseen un alto contenido en vitamina A, por lo que si vas a añadir hígado deberás decantarte por otra hortaliza, para no abusar de dicha vitamina.

Por su carácter tóxico para los perros deberás prescindir de la cebolla y del aguacate, al igual que de las uvas y de los corazones de las manzanas, en el caso de las frutas.

Deberás triturar las verduras y las frutas, porque estos alimentos atesoran una gruesa pared de celulosa que los perros no pueden masticar a tenor de las peculiaridades de su dentadura. Están preparados para morder de modo vertical, no horizontal, dado que sus molares y premolares son afilados, en lugar de planos. A su vez, carecen de la enzima amilasa para descomponer los carbohidratos.

Al igual que la carne, las vísceras o de las frutas, en el caso de las verduras estas deberán ser de procedencia ecológica para rebajar su contaminación química y optimizar su valor nutritivo.

En el caso de órganos como el hígado, resulta conveniente asegurar su origen de confianza por la filtración de toxinas existente. Adminístraselo una vez por semana o en pequeñas cantidades varios días a la semana.

Como última recomendación, cabe añadir que dediques unas 2 semanas a introducir la dieta BARF en la rutina alimentaria de tu mejor amigo, comenzando por un 25% e incrementándolo en dicho porcentaje cada 3 días.

Para esa fase inicial de transición, o en el supuesto de que tu perro tenga problemas dentales, puedes recurrir a triturarlo todo para facilitar su masticación y adaptación.

Extrema la higiene en la preparación y, si te tranquiliza, congela la carne antes de ofrecérsela.

Con estas pautas estamos seguros de que a tu can le encantará la dieta BARF y que tú no tardarás en apreciar sus efectos positivos en él. Y si no te convence y quieres seguir con piensos tradicionales, echa un vistazo al análisis y opiniones del mejor pienso para perros que hemos hecho y que actualizamos cada poco.

Y tú, ¿qué opinas de la dieta BARF?

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